15 de abril de 2011

¿Los K se nos hacen chavistas?

El slogan de la oposición patronal al gobierno es que "la democracia está en peligro", porque los K se están haciendo chavistas. Cuando se discutió el bloqueo a Clarín en el Senado, los K avalaron, sin embargo, el repudio de sus adversarios a lo ocurrido, que contenía una condena al derecho de huelga en los medios de comunicación. Este frente único ocasional de kirchneristas y destituyentes no aclara entonces nada, porque el mismo Chávez reivindica la libertad de prensa y niega en los hechos los derechos de huelga y de negociación colectiva. Como sea, la prensa opositora asegura que CFK quiere nacionalizar el comercio exterior y los reaseguros, y por de pronto ha suspendido la habilitación para exportar a Cargill y a Molinos, por diferencias impositivas.

La decisión del miércoles último, que coloca en los directorios de las empresas a representantes del Estado en proporción a las acciones que se encuentran en su poder (ha heredado de la estatización de las AFJP), reactualizó el enigma; ¿nuestros K se hacen chavistas e invaden la propiedad privada? Si es por la reacción del ricachón Humberto Constantini, de la desarrolladora inmobiliaria Consultatio, o del monopolio Aluar, a los capitalistas la decisión no les ha molestado en lo más mínimo. Las acciones de los bancos Galicia y Macro, donde la Anses posee acciones, subieron en forma espectacular ese mismo día. A Techint, sin embargo, la decisión no la complace -ya en un caso anterior, cuando Aldo Ferrer entró como hombre del gobierno en el directorio de la siderúrgica, logró que la designación fuera pactada. ¿Una disputa entre capitalistas amigos y adversarios, como la de Rosas contra los ganaderos del sur bonaerense hace casi doscientos años? Los kirchneristas se han hecho una reputación, por ejemplo al meter a un grupo amigo, Petersen, en YPF, sin que tenga que pagar nada, o los reiterados favores que reciben sus compinches patagónicos como Lázaro Báez o Cristóbal López, y otros como Electroingeniería.

El primer episodio de chavismo explícito fue la resolución 125, que aplicaba retenciones móviles a la exportación de soja. La medida fue impuesta por la necesidad de dinero para pagar la deuda externa o, en el lenguaje oficial, ‘desendeudarse'. Fracasó porque la medida era extrema, ya que congelaba el precio del poroto a partir de cierta cotización. Cobos, en la ocasión, salvó a los K del desastre, con su voto negativo; el autor de la 125, el ministro Lousteau, fue despedido. El gobierno se salvó de un lock-out gigantesco del capital agrario y otros, aunque la medida no afectaba para nada a los exportadores de cereales. El fracaso de la 125 llevó a la estatización de las AFJP, con el mismo propósito de pagar, con los fondos acumulados por las privatizadas, la deuda externa, y socorrer a los pulpos afectados por la crisis mundial -como GM, Paraná Metal, Peugeot y muchas otras. Se trató de una intervención estatal para rescatar al capitalismo de la crisis mundial. Lo mismo volvió a ocurrir con el secuestro de las reservas del Banco Central para pagar deuda externa o financiar al Tesoro. El boom de consumo que disfrutan los capitalistas obedece en gran parte a estas medidas excepcionales. No hay ya casi político opositor que cuestione meter la mano en el Banco Central. El interrogante que se hacen ahora los oráculos ‘destituyentes' es: ¿hasta dónde serán capaces los K cuando se disipe el mini boom especulativo mundial y se produzca un nuevo crash? No mucho más allá de lo que ha hecho Obama o el gobierno de las finanzas inglesas: el primero ha emitido, sin respaldo, dos billones de dólares para salvar a los bancos; el segundo ha llegado a nacionalizar en todo o en parte a bancos quebrados. Pero Argentina no tiene espaldas financieras para ir tan lejos. Lejos de buscar la nacionalización del comercio de granos, el gobierno K ha derivado hacia los biocombustibles el aceite de soja que ha dejado de comprar China, que quiere producirlo ella misma. Es así que ha liberado el precio de la nafta e incrementado el corte asignado a la mezcla con biocombustibles.

El gobierno K se esfuerza también por imitar a Brasil; por ejemplo, quiere montar un Banco de Desarrollo para subsidiar los créditos a los capitalistas como se hace del otro lado de la frontera, con plata de la Anses -allá con el dinero del fondo de garantía que los trabajadores aportan para su jubilación. No es un estatismo para emancipar sino para esclavizar: confisca el trabajo en beneficio del capital. Dilma Roussef acaba de lograr la destitución del presidente de la mayor minera del mundo, Vale de Río Doce, "después de que ignoró los llamados a invertir más pesadamente en las industrias locales de la siderurgia y los fertilizantes" (Financial Times, 12/4). "El gobierno, agrega el diario, va a guiar a Vale al montaje de industrias nacionales por medio de una nueva política minera", lo cual quiere decir que va a contratar a fabricantes de maquinaria pesada locales en detrimento del favorito mundial en el rubro, la norteamericana Caterpillar ¿Qué debe pensar CFK, entonces, de la decisión de Techint de destinar sus ganancias a una inversión en Brasil en lugar de ampliar la producción en Argentina? Techint goza de muchos favores oficiales, como el desarrollo inmobiliario de lujo en las costas de Quilmes, que hace las delicias del cristinista Barba Gutiérrez, el alcalde de un distrito con enormes carencias de viviendas populares. Hay otra injusticia: Repsol se está llevando la plata de YPF para rescatar a sus accionistas españoles y para que su socio argentino, el K Petersen, le devuelva el préstamo que le hizo para comprar el 18% de las acciones de la petrolera. Contradicciones aparte, no se puede reclamar rectitud de principios a gobernantes capitalistas.

De nuevo en Brasil, Petrobras está perjudicando a sus accionistas extranjeros como consecuencia del intento que realiza para desarrollar una industria de servicios tecnológicos para aguas profundas, lo que implica costos elevados y dividendos disminuidos. "Al día de hoy -informa el Financial Times-, hasta el 20% de las compañías que cotizan en Bolsa -que representan el 47% de la capitalización bursátil- tienen al gobierno nacional o de los estados, directa o indirectamente, entre sus cinco principales accionistas". ¡Qué tal! Chavismo, las... El diario británico se congratula porque el presidente de Vale fue sustituido por otro ejecutivo de la empresa, en lugar de un político. Los nombramientos de CFK, ¡ay!, son ejecutivos y políticos al mismo tiempo, del propio palo. Para colmo por decreto de necesidad y urgencia.

Los problemas de las dos señoras, Dilma y Cristina, lucen, sin embargo, insuperables: tanto derroche de dinero público va perforando la resistencia fiscal. Las experiencias industrialistas de las burguesías locales ya han fracasado, reiteradamente, por esos mismos motivos: la incapacidad del Estado para superar la insuficiencia de acumulación de capital local, por la competencia del capital extranjero. Brasil, que se ve obligado a comprar dos mil millones diarios de dólares sin poder impedir la revalorización del real frente al dólar, será golpeada aún más que Argentina (que compra en promedio cincuenta millones por día) por la salida de capitales que provocará un próximo crash internacional. Con esta salvedad: la prosperidad K depende de que no se hunda Brasil.


J. A.